Ahora bien, en medio de la mayor de las crisis económica, política y social por la que atraviesa Venezuela, se le suma la del COVID-19, que viene a recrudecer las realidades del venezolano. 

Vito Vinceslao opinión

Vito Vinceslao @vito_vinceslao

A través de la historia  los gobiernos, sobre todo los autocráticos, han pretendido usar los controles de diversa naturaleza (cambio, precio, producción, etc.) para corregir los efectos perniciosos de sus erradas políticas económicas y sociales. Los resultados invariablemente han sido los mismos: mayor distorsión de la economía, ineficiencia, empobrecimiento de la población, privilegios a quien medran en el entramado controlador, e inevitablemente mayores  dosis de corrupción.

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Los controles en Venezuela no son nada nuevo en realidad. Desde la época de la Compañía Guipuzcoana, pasando por los controles de precios establecidos durante la Segunda Guerra Mundial, y por aquel complejo entramado de controles que se montó a partir de 1961 amparados en la suspensión, por más de tres décadas, de las gigantes economías, los controles han restado eficiencia a la economía venezolana y han hecho mucho más daño que bien.

Haciendo un poco de historia remontándonos a los años 50’s y 60’s nuestro país alcanzó tasas asombrosas de crecimiento económico. Hasta finales de los años 70’s, ningún país Latinoamericano podía comparar la calidad de vida de sus habitantes con la que había en Venezuela. La solidez de la moneda venezolana y la estabilidad de sus índices inflacionarios hasta principios de la década de los 70s, fue admirada en todo el mundo.

Lamentablemente a partir de 1977 nuestra economía empieza a hacer agua: aumenta la inflación y el desempleo (los índices de precios oficiales señalan que los precios se multiplicaron 200 veces entre Enero 1977 y Diciembre 1996), baja la inversión privada, las finanzas del Estado siempre están descuadradas y comienza a sentirse el peso de la deuda del Estado. Al menos desde 1983, la caída del poder adquisitivo de los salarios y la aparición de masas de buhoneros fueron inexorables.

Venezuela enferma

Aunque seamos una potencia en el mundo petrolero, desde la devaluación de Febrero 1983 nos hemos convertido en un país marginal en la maquinaria económica mundial.

Entre las principales razones que explican la caída tan espectacular en los niveles de vida que tantos Venezolanos hemos experimentado, debe mencionarse el hecho de que el país fue conducido, al menos desde 1958 por dirigentes políticos burócratas generalmente poco preparados y sin visión de futuro y hoy día sigue siendo así. Hay que reconocer que el público pedía o al menos aceptaba este liderazgo incapaz de actuar pensando en el largo plazo. La miopía afectó a dirigentes y también a votantes.

Quienes dirigieron la política económica del país, cualesquiera que fuere el partido político con el cual estuvieran asociados, creyeron que podían mejorar la calidad de vida de la gente dando órdenes de aumentos salariales, regulando o congelando precios, y creando, financiando y refinanciando empresas propiedad del Estado. En cuanto a la propiedad de los medios de producción y distribución, nuestros dirigentes políticos le asignaron al Estado el monopolio de cuanto tuvieron a bien declarar “estratégico”, además de controlar los precios y los salarios de todas las actividades. Todo esto con la excusa de querer beneficiar a quienes clasificaron como “débiles jurídicos”, o con el de realizar actos que siempre consideraron como de “justicia social”, la dirigencia política nunca vacilo en desconocer derechos de propiedad, de libre iniciativa o de trabajo, tal cual como viene sucediendo en estas dos últimas décadas.

Venezuela enferma

Ahora bien, en medio de la mayor de las crisis económica, política y social por la que atraviesa Venezuela, se le suma la del COVID-19, que viene a recrudecer las realidades del venezolano. Hoy está por aparecer el fantasma de los controles de precio. Una vez más y probablemente con buenas intenciones, los gobernantes intentan equivocadamente solucionar parte de los problemas que afectan nuestra economía  aplacando sus síntomas en lugar de atacar las raíces de los mismos.

La economía Venezolana está enferma y ha demostrado un decrecimiento casi ininterrumpido en la última década, tendencia que es necesario reversar. El desempleo y la pobreza han aumentado particularmente en los últimos cinco años alcanzando niveles insospechables, la seguridad jurídica e inestabilidad política son las causas fundamentales del cierre diario de comercios e industrias. Esto y la presión fiscal y reguladora desmedida han minimizado la inversión privada y aumentado la informalidad. Para agravar aún más las cosas tampoco ha habido inversión pública ni inversión significativa en el sector petrolero gastándose los enormes ingresos en divisas que el país ha tenido en gastos burocráticos y corrupción.

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Mientras más se conculquen los derechos de propiedad y de libre iniciativa a través de controles, el pueblo se verá más empobrecido, las medidas tomadas en nombre de la “justicia social” han terminado siendo de “injusticia social”.

Vito Vinceslao

Pdte. Cámara de Comercio, Industria y Servicios del Estado Apure

vitomvin@gmail.com

@vito_vinceslao

 

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