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Julio II, fue el Papa nº 216 de la Iglesia católica, de 1503 a 1513. Se le conoce como el Papa Guerrero por la intensa actividad política y militar de su pontificado. Mandó reedificar la Basílica constantiniana, donde estaban sepultados los restos mortales del apóstol Pedro, erigiendo la actual Basílica de San Pedro.

Julio II, nació el 5 de diciembre de 1443, en Albissola cerca de Savona; coronado el 28 de noviembre de 1503; falleció en Roma, en la noche 21 de Febrero de 1513. Su padre fue Rafael della Rovere y su madre, Teodora Manerota, una dama de extracción griega. Siguió a su tío Francisco della Rovere a la Orden Franciscana, y fue educado bajo su tutelaje en Perugia. Con la elevación de su tío al papado como Sixto IV el 9 de agosto de 1471, comienza la carrera pública de Giuliano. El 15 de diciembre de 1471, fue creado Cardenal Sacerdote de San Pedro en Vincoli, y por lo tanto literalmente abrumado con beneficios, aunque durante la vida de Sixto IV nunca tuvo una participación prominente en la diplomacia eclesiástica. Ocupó las sedes episcopales de Carpentras (1471-2), Lausanne (1472-6), Catania (1473-4), Coutances (1476-7), Mende (1478-83), Viviers (1477-9), Sabina (1479-83), Bologna (1483-1502), Ostia (1483-1503), Lodève (1488-9), Savona (1499-1502), Vercelli (1502-3), y la Sede del Arzobispado de Avignón (1474-1503).

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Reseña la historia del Papa es.wikipedia.org, que en junio de 1474, Giuliano fue enviado a la cabeza de un ejército para restaurar la autoridad papal en Umbría. Tuvo éxito en reducir a Todi y Spoleto pero para el sojuzgamiento de Citth di Castello necesitó de la ayuda del Duque Federico de Urbino. En febrero de 1476, fue enviado como delegado a Francia para regularizar los asuntos de su Arquidiócesis de Aviñón, y probablemente para oponerse al concilio que Luis XI intentaba convocar en Lyon. En 1480 fue enviado como delegado a los Países Bajos y Francia para lograr tres cosas, viz. para solucionar la disputa concerniente a la herencia Burgundiana entre Luis XI y Maximiliano de Austria, para obtener la ayuda de Francia contra los Turcos, y para lograr la liberación del Cardenal Balue a quien Luis XI había tenido en custodia estricta desde 1469 a causa de actos traicioneros. Después de completar exitosamente su misión volvió a Roma al comienzo de 1482, acompañado por el liberado Cardenal Balue. En ese momento estaba precisamente irrumpiendo una guerra entre el papa y Venecia por un lado y Ferrara por la otra.

Sin embargo, Giuliano hizo varios intentos por restaurar la paz, y fue probablemente instrumental en la disolución de la alianza Veneto-Papal el 12 de diciembre de 1482. También protegió a la familia Colonna contra la cruel persecución del Cardenal Girolamo Riario en 1484. Después de la muerte de Sixto IV el 12 de Agosto de 1484, Giuliano jugó un papel vergonzoso en la elección de Inocencio VIII. Viendo que sus propias chances para el papado eran extremadamente magras, empeñó todos sus esfuerzos en asegurar la elección de un papa que fuera más bien un títere en sus manos. Vio a tal persona en el débil e irresoluto Cardenal Cibo, quien debía su cardenalato a Giuliano. Para lograr la elección de su candidato no tuvo escrúpulos en recurrir al soborno. Cibo ascendió al trono papal como Inocencio VIII el 29 de agosto de 1484, y fue grandemente influenciado durante los ocho años de su pontificado, por el fuerte y enérgico Giuliano. La guerra que estalló entre el papa y el Rey Ferrante de Nápoles debe ser atribuida principalmente a Giuliano, y fue también debido a él que no llegara a una conclusión más temprana.

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Después de la muerte de Inocencio VIII el 25 de julio de 1492, Giuliano nuevamente aspiró al papado pero su gran influencia durante el pontificado de Inocencio y su pronunciada simpatía por Francia lo había hecho odioso a los cardenales. Era lo suficientemente inteligente para comprender la situación. Estaba, sin embargo, poco dispuesto a ver que la tiara fuera al Cardenal Rodrigo Borgia, no porque este último fuese un candidato inmerecido, sino debido a su personal aversión hacia los Borgia. A pesar de los esfuerzos de Giulano en contrario, Rodrigo Borgia fue el candidato exitoso, y ascendió al trono papal como Alejandro VI el 11 de agosto de 1492. Temiendo por su seguridad en Roma, Giuliano se retiró hacia su fortificado castillo en Ostia hacia fines de 1492. Una aparente reconciliación entre Alejandro VI y Giuliano tuvo efecto en julio de 1493, pero Giuliano no confió en la sinceridad del papa y huyó vía Génova a la corte de Carlos VIII de Francia, a quien indujo a hacer una expedición a Italia con el propósito de destronar a Alejandro VI. Giuliano acompañó al rey en su expedición, pero mediante liberales concesiones Alejandro ganó a Carlos para su bando. En el tratado concertado entre ellos, se estipulaba que Giuliano permanecería en posesión de todas sus dignidades y beneficios, y se la garantizaría una segura y pacífica residencia en Roma. Giuliano, sin embargo, aún temía las maquinaciones secretas de Alejandro y regresó a Francia. Otra aparente reconciliación tuvo lugar en junio de 1497, cuando Giuliano asistió al papa en los asuntos matrimoniales de Cesar Borgia. Pero la desconfianza de Giuliano hacia Alejandro subsistía. Se evadió de Roma, pasando la mayor parte de su tiempo en Francia e Italia Septentrional.

Después de la muerte de Alejandro el 18 de agosto de 1503, volvió a Roma el 3 de septiembre para tomar parte de la elección del nuevo papa. Fue nuevamente un fuerte candidato para el papado, pero su gran ambición no sería todavía realidad. El enfermo y viejo Francisco Piccolomini ascendió al trono papal como Pío III, pero murió el 18 de octubre de 1503, después de un reinado de solamente veintiséis días. La chance de Giuliano de ser elegido no fue entonces mejor que en cualquier otra elección previa. Para asegurarse su suceso hizo grandes promesas a los cardenales y no hesitó en emplear el soborno. El cónclave comenzó el 31 de octubre y después de unas pocas horas los cardenales unieron sus votos en Giuliano, quien como papa tomó el nombre de Julio II. Fue el cónclave más corto en la historia del papado. En la capitulación precedente a la elección los cardenales aseguraron los siguientes términos: (1) la continuación de la guerra contra los Turcos; (2) la restauración de la disciplina eclesiástica y la convocatoria a un concilio con ese propósito dentro de los dos años; (3) que no se llevara a cabo guerra con ninguna otra nación sin el consentimiento de los dos tercios de los cardinales, quienes serían consultados sobre todos los temas importantes, especialmente en lo concerniente a la creación de nuevos miembros para el Sagrado Colegio; (4) que el papa con dos tercios de los cardenales determinarían el lugar de próximo concilio general. Tal ilegal restricción a los derechos papales, no lo podría tolerar papa alguno, menos aún el impaciente, irascible, ambicioso y guerrero Julio II, cuya valiente y abrumadora presencia le ganó el epíteto de pontífice terrible. El principal objetivo que vio en su pontificado fue el firme establecimiento y extensión del poder temporal. Para el logro de este objetivo ningún papa fue nunca más adecuado que Julio, cuya naturaleza y circunstancias habían tallado para soldado.

Julio II fue principalmente un soldado, y la fama que acompaña a su nombre se debe especialmente al restablecimiento de los Estados Pontificios y la liberación de Italia de su sujeción a Francia. Aun así no olvida sus deberes como cabeza espiritual de la Iglesia. Estuvo libre de nepotismo; oyó misa casi diariamente y a menudo la celebraba él mismo; emitió una estricta Bula contra la simonía en las elecciones papales y otra contra los duelos; erigió diócesis en las recientemente descubiertas colonias Americanas de Haití (Española), Santo Domingo y Puerto Rico; condenó la herejía de Piero de Lucca concerniente a la encarnación el 7 de Setiembre de 1511; emitió varias ordenanzas para las reformas monásticas; instituyó la aún existente Capilla Julia, una escuela para canto eclesiástico y que estaba para servir como alimentadora de la Capilla Palatina; y finalmente convocó el Quinto Concilio de Letrán para erradicar de la Iglesia y especialmente de la Curia Romana los abusos.

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