Puede que la crisis acabe siendo, después de todo, tan sólo un (durísimo) paréntesis en un proceso evolutivo; puede también que acabe sirviendo de revulsivo para reimpulsar un nuevo modo de afrontar el futuro manteniendo el libre mercado, la democracia y los derechos humanos como objetivos irrenunciables.

Vito Vinceslao opinión

Vito Vinceslao @vito_vinceslao

Esta es la pregunta que empieza a circular en medio de las incertezas que está causando la pandemia del Covid-19 y del estado de alarma.

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Pese a las medidas que puedan adoptar los organismos internacionales y los gobiernos, como el Venezuela, para paliar las consecuencias de la parálisis económica, que son como bien sabemos nulas, una de las cuestiones que más resuenan es si entraremos o no en una crisis mundial a nivel económico.

No es posible todavía calcular el costo económico de la pandemia: depende de lo que dure el confinamiento, de las medidas que tomen los gobiernos respecto a mantener o a cancelar las actividades económicas no esenciales y de la capacidad de resistencia de empresas y autónomos.

crisis COVID-19

La economía o la vida

Más allá de las consecuencias económicas, la crisis del coronavirus vuelve a recordarnos la fragilidad de la vida humana. No sabemos si esta epidemia vendrá seguida de otras; si fuera así, habrá que aprender a convivir con la idea de que un organismo microscópico puede hacer tambalear el sistema económico en todo el mundo.

Como efecto del coronavirus, el declive en la producción y el consumo tendrá un importante impacto en el número de puestos de trabajo, en los ingresos de las familias y en la capacidad de recuperación económica en Venezuela y en el mundo entero.

Por ahora la receta es que los gobiernos se mueven entre o confinar a todo el mundo, que sería la mejor solución en términos sanitarios pero involucra un grave perjuicio para la economía, o mantener la actividad económica al precio de un probable colapso sanitario y, por tanto, de un elevado costo en términos de vidas humanas.

Hasta ahora muchos países han desplegado paquetes de estímulo económico para que no se paralice totalmente la economía y también han puesto en marcha una serie de políticas sociales tratando de llegar a los grupos más vulnerables.

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El dilema es: “O la vida o la economía”

Es aún demasiado pronto para saber qué significará realmente, en términos históricos, la crisis por la que estamos atravesando. Por un lado quedarán las cifras: los millones de desempleados, el PIB perdido, el retroceso en todas las variables del progreso…; por otro, las dudas en torno a los principios sobre los que se había basado el mundo occidental, y sobre todo el europeo, en las últimas décadas.

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Puede que la crisis acabe siendo, después de todo, tan sólo un (durísimo) paréntesis en un proceso evolutivo; puede también que acabe sirviendo de revulsivo para reimpulsar un nuevo modo de afrontar el futuro manteniendo el libre mercado, la democracia y los derechos humanos como objetivos irrenunciables. O puede que signifique, definitivamente, el inicio del fin del orden mundial que ha prevalecido hasta ahora.

Vito Vinceslao

Pdte. Cámara de Comercio, Industria y Servicios del Estado Apure

vitomvin@gmail.com

@vito_vinceslao

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