Papa Francisco
Un niño le entregó la bandera de Venezuela al Papa Francisco.
Francisco les recordó a los colombianos que «habitan una tierra de inimaginable fecundidad, que podría dar frutos para todo». Así lo dijo en la homilía ante al menos un millón de personas en el Simón Bolívar.

Ante centenares de miles de colombianos y no pocos extranjeros que lo esperaron por horas en el parque Simón Bolívar de Bogotá, primero bajo un sol primaveral y luego con el frío que dejó un chubasco inesperado, Francisco llamó al país a la unidad y a deponer «los intereses mezquinos o particulares», así como a no volver a los tiempos de la Patria Boba.

Además, fustigó la corrupción y, como lo ha venido haciendo en las 24 horas que completa ya en el territorio nacional, clamó por la paz en su homilía, a la que le llamó, por si quedaba alguna duda, “constructores de la paz, promotores de la vida”. El pasaje del Nuevo Testamento de la multitudinaria misa recordó el momento cuando Jesús le ordena a Simón Pedro ir «mar adentro», a pesar de todas sus dudas y temores frente a la tormenta.

«También aquí, como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana que sega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas», señaló el Papa.

El mensaje de no dejarse vencer por el miedo y la indiferencia, en el cual ha insistido ante los jóvenes que por millares han acudido a escucharlo, también estuvo presente.

Francisco les recordó a los colombianos que «habitan una tierra de inimaginable fecundidad, que podría dar frutos para todo». Pero, advirtió, las divisiones y la puja por los intereses personales amenazan ese mar de posibilidades.

Así, señaló con insistencia: «Nosotros podemos enredarnos en discusiones interminables, sumar intentos fallidos y hacer un elenco de esfuerzos que han terminado en nada (…). Esta nación también sabe de ello, cuando por un período de seis años, allá al comienzo, tuvo 16 presidentes y pagó caro sus divisiones», dijo en abierta alusión a la Patria Boba, el periodo histórico en el que la división entre los criollos le abrió paso a la cruenta Reconquista española.

El Papa aseguró que el mandato de Jesús de navegar mar adentro no era solo para Simón Pedro: «A él le ha tocado navegar mar adentro, como aquellos en vuestra patria que han visto primero lo que más urge, aquellos que han tomado iniciativas de paz, de vida. Echar las redes entraña responsabilidad», afirmó.

El mensaje fue a trabajar en «la defensa y en el cuidado de la vida, particularmente cuando es más frágil y vulnerable: en el seno materno, en la infancia, en la vejez, en las condiciones de discapacidad y en las situaciones de marginación social».

Según Francisco, «hace falta llamarnos unos a otros, hacernos señas, como los pescadores, volver a considerarnos hermanos, compañeros de camino, socios de esta empresa común que es la patria». Y luego soltó un llamado contundente: «Hacer lugar al bien común por encima de los intereses mezquinos o particulares».

El mensaje del Papa fue que la fragilidad humana, como la «historia de violencia y división» que han tenido los colombianos, no tienen por qué definir el final del cuento. «Jesús, dijo Francisco, nos invita a ir mar adentro, nos impulsa al riesgo compartido, a dejar nuestros egoísmos y a seguirlo. A perder miedos que no vienen de Dios, que nos inmovilizan y retardan la urgencia de ser constructores de la paz, promotores de la vida».

La bandera de Venezuela llegó a manos del Papa. Un niño se la entregó.

En el segundo día del papa Francisco en Colombia se reunió con el presidente Santos en la Casa Nariño. Al comienzo del acto un niño le entregó una bandera de Venezuela al representante de la Iglesia Católica.

En la ceremonia encendieron la llama de la eternidad como símbolo de reconciliación, esperanza y paz. En su primer discurso pidió a los colombianos que huyan de la venganza e incitó la paz. «La búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos», puntualizó.

Además recomendó «poner la mirada en todos aquellos que hoy son excluidos y marginados por la sociedad, aquellos que no cuentan para la mayoría y son postergados y arrinconados».

«“Están presentes en mis oraciones, rezo por el presente y por el futuro de Colombia», así concluyó su discurso.

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