Noel Alvarez opinión
Estas “inocentes” equivocaciones parecieran no tener ninguna importancia para el desarrollo de la vida en un país, pero si revisamos con detenimiento la actuación de los autócratas que, a lo largo de la historia, se han creído dueños de la vida y muerte de personas y países, podremos darnos cuenta que, a fuerza de tanto cometer estos gazapos, pareciera que el subconsciente termina por creerse el cuento de la infinitud de los cargos y de allí solo queda un paso para proclamar “el Estado soy yo”, como lo hizo Luis XIV.

Noel Álvarez* @alvareznv

Este artículo no pretende ser una clase de lingüística y mucho menos de gramática, solo intenta prevenir sobre situaciones que, en principio parecieran quiméricas, pero que pudieran ocurrir por la instrumentación y manejo errático del idioma castellano. Los angloparlantes reconocen que el castellano es uno de los idiomas más difíciles de aprender, a pesar de ser muy fonético, porque sus conjugaciones y tiempos verbales son muy complicados de asimilar. Para ellos,  por ejemplo, representa un karma entender las diferencias entre los verbos castellanos “Ser” y “Estar”. Esto  ocurre porque en su idioma nativo, ambos vocablos están contenidos en un solo verbo: To Be.

En castellano, las características atribuidas a una persona o cosa a través del verbo “Ser” implican una condición permanente o por lo menos muy difícil de cambiar en el tiempo. Cuando digo que fulanito es de raza blanca, le estoy atribuyendo una característica que es casi imposible de variar. Por el contrario, si alguien utilizando el verbo “estar” dijera ¡Noel si está flaco! Me estaría atribuyendo una característica temporal o coyuntural que pudiera ser modificada. De hecho, esa afirmación es cierta, solo en estos momentos, porque hasta hace muy poco, yo estaba gordo y si me descuido, esa condición podría retornar.

Para establecer la diferencia de conceptos entre los verbos “Ser” y “Estar”, les propongo que examinemos esta hipotética situación.  Yo soy un americano recién llegado a Venezuela, por supuesto, con un manejo muy limitado del idioma castellano. Unos amigos me presentan una dama muy agradable. La invito al cine y ella acepta acompañarme. Esa noche paso por su casa a buscarla y al llegar le pregunto ¿tú eres lista? Ella me corrige, explicándome que la frase correcta es: ¿Tú estás lista? Internalizo el termino y le pido que nos vayamos al cine. Al intentar pagar en la taquilla me informan que, debido un mecanismo prehistórico llamado control de cambio, no me pueden aceptar dólares como forma de pago. Ante la eventualidad surgida, La dama muy amablemente se ofrece a pagar las entradas. Recordando lo que me enseño anteriormente, le digo: muchas gracias ¡tú estás buena! Nuevamente me corrige. Entramos al cine, el aire acondicionado estaba como para pingüinos, pasé mi brazo por encima de su hombro para protegerla del frío, a la vez que le decía ¡eres muy fría! Ese comentario terminó de congelar el romance en ciernes.

Estos enredos con el manejo de los dos verbos le ponen la vida de cuadritos a quienes están aprendiendo el idioma castellano. Pero, justo es reconocer que, muchos connacionales también hacen un uso deficiente del lenguaje nativo. En consecuencia utilizan mal el significado de algunos términos, en este caso invierten los conceptos de los verbos “Ser” y “Estar”. Cito específicamente el caso de aquellos ciudadanos que al asumir un cargo de carácter temporal,  comentan en forma rimbombante: yo soy presidente, diputado, gobernador, alcalde…, cuando lo correcto sería decir: Yo estoy como presidente, diputado, gobernador, alcalde u otro. Al escuchar esto, uno debiera corregirlos: usted no “ES” presidente, usted “ESTÁ”, temporal y circunstancialmente, desempeñando el cargo  de presidente.

Estas “inocentes” equivocaciones parecieran no tener ninguna importancia para el desarrollo de la vida en un país, pero si revisamos con detenimiento la actuación de los autócratas que, a lo largo de la historia, se han creído dueños de la vida y muerte de personas y países, podremos darnos cuenta que, a fuerza de tanto cometer estos gazapos, pareciera que el subconsciente termina por creerse el cuento de la infinitud de los cargos y de allí solo queda un paso para proclamar “el Estado soy yo”, como lo hizo Luis XIV. Si esto les parece descabellado o muy utópico, los invito a que retrocedamos un poco la película y examinemos la tragedia por la que ha transitado nuestro país en los últimos veinte años.

*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

noelalvarez10@gmail.com

8 COMENTARIOS

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