Por eso la pandemia de este siglo ha sido tan prodigiosa al dejar al descubierto a tanto liderazgo político populista. La mentalidad marginal del populismo se ha extendido por el mundo y ahora su velocidad aumenta conforme la peste avanza.

Juan Guerrero

Juan Guerrero (*)@camilodeasis  

Si algo de ideología posee el pensamiento populista es que representa la marginalidad del mundo de las grandes masas, esto es; la muchedumbre que no tiene rostro, ni individualidad y por lo tanto, siempre ha sido manipulada porque tiende a ello para su sobrevivencia.

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Digámoslo abiertamente: el populismo es el pensamiento de los marginales. Y los marginales tienen su propia configuración del mundo a partir de sus necesidades primarias, que son, como ya lo han demostrado los estudios sociológicos y antropológicos por más de dos siglos, elementales y de sobrevivencia.

El populismo representa al pensamiento marginal, por eso las muchedumbres se sienten tan bien representadas con los liderazgos que permanentemente les explotan su lado más débil, la emocional ingenuidad de la superstición a partir de sus carencias, y cuando estas se exacerban, encontramos la banalización y el fanatismo en sus expresiones más extremas, sea en los discursos de políticos como en los temerarios regímenes militares totalitarios, de cualquier tendencia, donde la marca permanente viene dada por el continuo control social.

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Por eso la pandemia de este siglo ha sido tan prodigiosa al dejar al descubierto a tanto liderazgo político populista. La mentalidad marginal del populismo se ha extendido por el mundo y ahora su velocidad aumenta conforme la peste avanza. No es gratuito ni casual todos los acontecimientos que se están observando en los últimos meses. Las restricciones de circulación, los controles sociales y el aumento de las prohibiciones a los ciudadanos para encontrarse en sitios públicos, conforman toda una estrategia que está siendo ensayada y será puesta en práctica usando como excusa el contagio inminente.

Ya el famoso instituto de tecnología de Massachusetts, MIT, publicó un estudio donde señala que para los próximos meses y posiblemente 2 años, los paradigmas sociales tradicionales de socialización estarán virtualmente cambiando y adecuándose, posiblemente, al modelo de la vida en la sociedad japonesa, que realiza su actividad social generalmente en sus hogares. Los actos públicos de eventos con miles de personas, serán algo raro y quizás tiendan a desaparecer.

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Como quiera que sea esta visión de una nueva sociedad encerrada en sus hogares y controlada desde oficinas virtuales gubernamentales, hace tiempo se practica en países como China y Corea del Norte. Pues bien, este modelo orwelliano, con sus ajustes para adecuarlo a las diferentes sociedades, será muy posiblemente el modelo que se verá en los próximos tiempos.

En varios de mis escritos he estado adelantando sobre la llamada sociedad de la servidumbre que se desarrolla en China y otros países, como India. Parte de la fuerza laboral en esos países, generalmente viven una realidad, que, si bien no podemos catalogar como de esclavos, a modo tradicional, al menos deben ser calificados como modelos de servidumbre. Las retribuciones básicas que reciben, de alimentación, un techo común y una vestimenta igual para todos, les presenta como los nuevos siervos de la humanidad.

Ese modelo, con algunas adaptaciones, lo veremos en sociedades que tradicionalmente se han destacado en la defensa de los derechos humanos, cívicos, políticos o de las minorías. Usando la excusa de la peste los gobiernos de los países industrializados cambiarán a sistemas políticos un poco más autoritarios, restrictivos y censores de los derechos ciudadanos.

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No es nada extraño que estemos siendo protagonistas del fin del dominio energético del petróleo y sus derivados, como combustible que por casi dos siglos movió al mundo industrializado.

La era del mundo digitalizado y robotizado necesita de otras fuentes de energía mucho más dinámicas, actualizadas y competitivas. Países como Arabia Saudí o Venezuela, con inmensas reservas petroleras mostrarán en el futuro cercano sus pozos y campos petroleros como museos antiguos y olvidados.

Como hemos afirmado en otros momentos, la peste siempre ha perseguido al hombre de todos los tiempos. Al final, siempre ella le ha impulsado a buscar nuevos horizontes en su eterna lucha por la sobrevivencia de la misma especie humana.

Las pestes siempre han traído cambios paradigmáticos para el bien de la humanidad. Este Nuevo Orden Mundial que se avecina, inicialmente tendrá un tiempo de oscuridad marcado por conflictos sociales, políticos, económicos, y por las inmensas migraciones que deberán adecuarse a los sistemas de controles, tanto por ser mano de obra barata (los primeros trabajadores serviles) como en las relaciones sociales, todas marcadas por la peste, que será usada por todos los gobiernos y regímenes, para el control social.

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El Nuevo Orden que se impondrá gradualmente no va a tener, políticamente hablando, ideología alguna. El mismo concepto como tal, va a desaparecer del escenario privilegiado que disfrutó en siglos pasados. Lo que sí prevalecerá son dos grupos muy bien definidos: la inmensa población laboral en concentración de masas socialmente estratificadas, y la ampliada élite que controlará a estos serviles. Unos disfrutando de los medios tecnológicos masificados y abaratados, y aquellos formando a la nueva casta, sin mucho despliegue cibernético y en la tradición humana de la educación gerencial, y la socialización de sus pares controladores.

(*)  camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

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