Así es la vida en seres inescrupulosos, amainados por la soga del tiempo, con el desprecio perpetuado en sus pensamientos. Palidecido y envejecido el rostro, muestra tormento, y permanece atónito esperando el resultado de sus inventos, que obran en el espacio como quimeras o fantasías que se lleva el viento. Distinto sería si la propuesta efusiva llevara el marco de la estrategia pensante, del ser que emite enseñanza y acepta aprendizaje.

Arturo Molina opinión

Arturo Molina @jarturoms1

Los castillos con base de arena se caen con el menor soplo del viento, y eso es posible porque su estructura se apoya sobre la nada. Tan débil es, que solo intentar levantar una columna, es toda una proeza. Así son las utopías, se afianzan sobre imaginarios sin soporte, pero quienes las venden como verdades realizables, no terminan por reconocer su alucinación, y robustecen con su actitud el abstracto, para terminar fortaleciendo la frustración. Todo un décollage de enredos entre alambres de púa y dulce, que aparte de puyarse a sí mismos, buscan esconder la obstinación que absorbe sus pensamientos.

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Es ver al hombre, que en su descanso nocturno, y en la profundidad del sueño, empuña la espada o el fusil, y se crea el guión para derrotar al tirano. Lo enfrenta con tal decisión que a su alrededor solo gravita su valentía, allí no hay espacio para su derrota. Recibe herida, pero termina por imponerse con las palabras que emite su voz, ante el fantasma que tiene al frente. Es esa vitrina que le permite gritar a solas: cobardes, cobardes, cobardes, a quienes según su templanza soporífica, le dan la espalda a sus pretensiones guerreristas. Es el valiente que grita en silencio en su cuarto a oscuras, y ante el público asiente que todo está bien.

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Son quienes hacen creer que la historia es, según sus preceptos, buena o mala, y cuentan la suya con disimulado acento. Se guindan de sus asperezas y trivialidades, pretendiendo ser escuchados y seguidos. Anidan sus desventuras en la necesidad del ser humano, y cuelgan guindas de añejo odio contra el cambio. Se enfurecen al recibir respuesta y, caramba, peor si son ignorados. Su vocabulario de ser apacible se trasforma cual lobo acechando a la caperucita, porque esconden en sus adentros la venganza como sistema de vida. Son creadores de hitos fútiles, porque nadie escucha tales lamentos. Así han transitado su vida, entre gritos y desprecio.

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Fanfarronean ser creyentes y en la distancia maldicen al semejante. Sus apetencias desmedidas y no conquistadas, le hacen creer ser merecedor de ver  a los demás mendigando miseria. De la pobreza no conocen, porque han vivido en la riqueza, pero evitan ser señalados por tales circunstancias que la vida le ha dado, cual pantera rosa camina descalzo. Son facinerosos en cada palabra y acción, estimulando el desaliento con el hacer de su desgracia. Viven arrinconados y perjuran ser los queridos en la comarca. Hacen señales en todas las direcciones y juzgan a placer a quienes sienten son sus disidentes. El aliento fresco se pierde en ellos, y reluce el olor amargo en sus bocetos.

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Así es la vida en seres inescrupulosos, amainados por la soga del tiempo, con el desprecio perpetuado en sus pensamientos. Palidecido y envejecido el rostro, muestra tormento, y permanece atónito esperando el resultado de sus inventos, que obran en el espacio como quimeras o fantasías que se lleva el viento. Distinto sería si la propuesta efusiva llevara el marco de la estrategia pensante, del ser que emite enseñanza y acepta aprendizaje.

Arturo Molina

@jarturoms1

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