Según estudios internacionales, varios factores afectan la empresarialidad de un país o una comunidad. La empresarialidad es mayor en aquellas sociedades donde más se valora el rol de los empresarios. Éste es un factor crucial para que más individuos encuentren la motivación y desarrollen las capacidades necesarias para iniciar una nueva empresa. 

Vito Vinceslao opinión

Vito Vinceslao  @vito_vinceslao

Un país avanza cuando estimula y canaliza productivamente las energías creativas de sus habitantes. Es la fuerza movilizadora de la iniciativa de millones de ciudadanos la que transforma para bien a las naciones.

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En el ámbito económico esta energía creativa se concreta en un actor central: el empresario-emprendedor. Es él o ella quien detecta oportunidades de transformar una idea en un proyecto concreto y, una vez evaluados los riesgos del fracaso, decide avanzar motivado por los posibles beneficios del nuevo negocio a encarar. En otras palabras, no hay empresas si previamente no existieron empresarios-emprendedores que vieron la ocasión y estuvieron dispuestos a correr los riesgos y a hacer los esfuerzos que implica poner en marcha nuevos emprendimientos.

El mundo de hoy, crecientemente complejo, dinámico, con acelerados cambios tecnológicos, demográficos y geopolíticos, es muy incierto y, por momentos, parece amenazante, pero ofrece en realidad enormes posibilidades para aquellos países con capacidad para adaptarse rápidamente a las transformaciones y capturar las oportunidades que se presentan.

Los actores económicos naturalmente más capaces para rastrear y aprehender estas oportunidades son los empresarios-emprendedores tanto de pequeñas como de medianas y grandes empresas. Por esta razón, el desarrollo de la «empresarialidad» se ha convertido en un objetivo prioritario en todas las naciones, tanto vecinas como lejanas, desarrolladas y en vías de desarrollo que aspiran a alcanzar los más altos estándares de calidad de vida para su población.

La empresarialidad, como capacidad de una comunidad de crear y desarrollar empresas privadas exitosas, ha sido reconocida, desde el trabajo pionero de Schumpeter, como el motor último del desarrollo económico y social de un país. La canalización de las energías creativas de la sociedad mediante la formación y desarrollo de empresas determina el progreso tecnológico, la generación de empleos de calidad y el desarrollo local de las comunidades donde se implantan estas empresas. Un fuerte desarrollo empresarial es asimismo una fuente genuina de crecientes recursos para financiar las inversiones y los gastos del Estado en educación, salud, infraestructura, seguridad, etc.

los empresarios

La actividad empresarial Venezolana es un ámbito diverso donde participan emprendedores, pymes y grandes empresas. Estos segmentos están integrados en cadenas de valor y amplias redes de colaboración, a la vez que representan una progresión en su desarrollo. Los emprendedores crean nuevas empresas, que esperan convertir en pymes, a fuerza de voluntad, inteligencia y creatividad. Éstas a su vez aspiran a una expansión y profesionalización de su actividad, que las consolide como grandes empresas. Por su parte, las grandes empresas venezolanas con proyección global son la punta de lanza de miles de pymes que indirectamente participan en los mercados internacionales como proveedoras de estas grandes empresas.

Por tal razón, el desarrollo de nuestro país en el entorno global requiere contar con una fuerte corriente de emprendedores, un amplio y vigoroso tejido de pymes y un núcleo de empresas venezolanas de clase mundial, con la escala suficiente para enfrentar con éxito a otros grandes competidores que participan en los mismos mercados en los que compite Venezuela, comenzando por el propio mercado interno.

Esta organización de la producción en empresas privadas es el sistema más innovador y poderoso de creación de prosperidad en toda la historia de la humanidad. Por esta razón, todas las comunidades exitosas en su desarrollo económico y social han puesto el foco en promover y apoyar el desarrollo de las empresas privadas. En estas comunidades, la actividad empresarial goza de un gran reconocimiento social. Las empresas son consideradas actores fundamentales de la sociedad, en los que la ciudadanía deposita sus expectativas de progreso. El nacimiento de nuevas empresas y el crecimiento de las existentes son entonces objetivos prioritarios, ya que éstas generan el empleo genuino, de alta calidad y productividad característico de las comunidades más prósperas.

Según estudios internacionales, varios factores afectan la empresarialidad de un país o una comunidad. La empresarialidad es mayor en aquellas sociedades donde más se valora el rol de los empresarios. Éste es un factor crucial para que más individuos encuentren la motivación y desarrollen las capacidades necesarias para iniciar una nueva empresa. También afecta la propensión a asumir riesgos de inversión ya que en una cultura con fuerte valoración positiva de la actividad de los emprendedores y las empresas, éstas perciben mayores seguridades de que sus derechos no serán alterados en el futuro, cuando llegue el momento de percibir los beneficios derivados de su inversión.

los empresarios

Un factor clave para el desarrollo de la empresarialidad está fuera del ámbito económico y tiene asiento en el terreno de la institucionalidad de la política y del papel del Estado. La vitalidad del tejido empresario se potencia en el marco de un sistema político democrático con división de poderes, que brinda la previsibilidad necesaria para encarar nuevas inversiones. En este sentido juega un papel clave el Poder Judicial, garante de los derechos fundamentales que definen el régimen económico básico establecido por nuestra Constitución.

En el mismo orden, la empresarialidad se potencia en el marco de una sociedad civil pluralista en la que los diversos actores que la componen se expresan a través de medios de comunicación y prensa independientes. La existencia de un empresariado privado, a su vez, constituye un factor decisivo en el sostenimiento económico de dichos medios así como de otras actividades vinculadas con la vida cultural, religiosa y social de una comunidad.

Un tercer factor, en este caso de orden económico, que tiene mucha influencia en el crecimiento de la empresarialidad es la estabilidad de precios. En efecto, la inflación dificulta el cálculo económico, complica las relaciones de cooperación entre eslabones de las cadenas productivas y erosiona paulatinamente la competitividad internacional de las empresas, generando así conflictos con proveedores, clientes y consumidores, y entre las empresas y sus trabajadores. El empresario-emprendedor abomina la inflación y opera mucho más eficazmente en un ambiente de estabilidad de precios.

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En conclusión, todo aquello que pueda hacerse para dotar a Venezuela de una mayor empresarialidad permitirá generar más empleos, en especial para los jóvenes; desarrollar nuevas actividades productivas, particularmente en el interior del país; conquistar mercados; dotar de mayores recursos vía impuestos a las vitales tareas del Estado, y, en definitiva, permitir que entre todos construyamos una sociedad más plural y vibrante.

Vito Vinceslao

Pdte. Cámara de Comercio, Industria y Servicios del estado Apure

vitomvin@gmail.com

@vito_vinceslao

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