La aplicación de la justicia del hombre será posible en esos términos, lo contrario es la entrega definitiva del poder a los bastardos herederos de la barbarie, que viven enlodados de masacres como las registradas en penales o barriadas caraqueñas en los últimos días. Dejar el ilusionismo y centrar esfuerzo en la realidad concreta es el petitorio de los ciudadanos hacia sus dirigentes. Lo demás es jugar a la aventura y entrar en terreno permanente de caza recompensas. 

Arturo Molina opinión

Arturo Molina @jarturoms1

El territorio venezolano se ha trasformado en espacio para la cacería. No es la práctica que se da en algunas monarquías y en gobernantes que hacen de esa actividad un evento deportivo, o el de saciar sus apetencias exuberantes, o el de aquellos que la realizan para el mercantilismo persiguiendo animales exóticos.

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Lo que buscan estos cazadores es hacerse de la suma de dinero ofrecida por gobierno extranjero por la captura de algunos representantes del alto gobierno nacional. Ofrecimientos de 15 y 10 millones de dólares despiertan a esos mortales llamados caza recompensas, quienes exploran los momentos para alcanzar el objetivo. La defensa estará presente como cualquier ser hace la suya. Nadie quiere ser atrapado por esos buscadores de dinero. Lo que no quedó claro es si el ofrecimiento viene con la etiqueta de  vivos o muertos.

La cacería se multiplica a lo inverso en otros escenarios del acontecer nacional y toma cuerpo en la prestación de servicios públicos con la escasez del gas doméstico, agua potable, internet, energía eléctrica, gasolina, asequibles a través de caminos verdes a precios de locura y en moneda extranjera. Así sucede con alimentos y medicinas. No hay justicia porque impera la impunidad, pero en los ciudadanos se apodera la impotencia y el malestar, que como cualquier expediente, aquí se van acumulando las angustias y podría generar daño colateral de magnitudes desconocidas en este vasto territorio de la América del Sur.

caza recompensas

Los abusos y atropellos de autoridades contra los ciudadanos que protestan la ineptitud gubernamental han pretendido taparla con decreto de emergencia nacional por la presencia de la pandemia del COVID-19, violentando lo allí establecido, sometiendo a la población a estado de sitio, propio de dictaduras. Excesos que desnudan la verdad de los acontecimientos sembrados durante largos 20 años de gobierno de la revolución siglo XXI, y que traen resultados cargados de miseria, enfermedad y hambre en el seno de la sociedad.

El régimen busca la confrontación permanente con los sectores disidentes. Les conviene la lucha a través de las armas. Tiene en su poder la posibilidad de encerrarnos a través de decretos como el nombrado anteriormente porque no respetan lo establecido en la Constitución Nacional. La presión interna y externa sirve para abrir el escenario y obligarlos a pactar proceso electoral con reglas de juego mínimas que permitan dirimir las diferencias sin dejar correr sangre, y tener el sistema de gobierno que decida la mayoría.

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La aplicación de la justicia del hombre será posible en esos términos, lo contrario es la entrega definitiva del poder a los bastardos herederos de la barbarie, que viven enlodados de masacres como las registradas en penales o barriadas caraqueñas en los últimos días. Dejar el ilusionismo y centrar esfuerzo en la realidad concreta es el petitorio de los ciudadanos hacia sus dirigentes. Lo demás es jugar a la aventura y entrar en terreno permanente de caza recompensas.

Arturo Molina

@jarturoms1

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