El llamado a los factores disidentes es a tener cuidado con eso que promulgan con ligereza y hasta ingenuidad, a no dejarse arrastrar por el odio y sentar con cabeza fría a revisar donde están los traidores.

Arturo Molina opinión

Arturo Molina  @jarturoms1

El odio se ha venido asentando y aceptando en los ciudadanos a la velocidad de la luz. Ha tomado cuerpo desde el alto gobierno nacional y lo esparce cual viento lleva consigo granos de arena. El centro de acción política, social y económica del país ya no radica en el debate de las ideas y la propuesta, porque el régimen ha inoculado la distracción como norma para evadir realidades, con epítetos y descalificaciones. Ante la presencia del abismo y cuidar sus espaldas por la protesta, se cobijan en la Ley contra la repugnancia, aprobada por constituyente ilegitima, publicada en gaceta oficial N 41.274 del 08 de noviembre de 2017, aplicable con rigurosidad a los contrarios, etiquetados por ellos como enemigos.

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Periodistas, articulistas, escritores, dirigentes políticos, reciben del oficialismo intolerancia y desprecio por sus opiniones, implementadas con represión, allanamientos y privación de libertad. La noticia se pretende censurar, al igual que el libre albedrío, para ocultar a la sociedad lo que acontece. Desde teléfonos celulares, cámaras fotográficas y de filmación, son arrebatadas a las personas y profesionales del periodismo para destruir la evidencia. La protesta de los adultos mayores para exigir respeto a su condición humana, saca a flote el odio interno de dichos funcionarios y les agreden cobardemente.

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El odio es definido (wikipendia) como “sentimiento profundo e intenso de repulsa hacia alguien que provoca el deseo de producirle un daño o de que le ocurra alguna desgracia”. Ese reconcomio no es buen acompañante y al perderse el control mental, termina en tragedia. Así ha acontecido en diversas oportunidades y en espacios distintos, tal como lo ocurrido ayer 25 de julio 2020 en horas de la tarde en Aragua de Barcelona, Estado Anzoátegui, al caer asesinado ciudadano que reclamaba contra el abuso de capitán de la Guardia Nacional en estación de combustible. La barbarie, ensañamiento y atentados son permanentes en manos de funcionarios que hacen uso de las armas de la República para cometer atropellos.

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Rayan en lo absurdo expresiones de altos funcionarios del régimen y de algunos de las oposiciones para dirigirse a los disidentes. Escuálidos, colaboracionistas, vendidos, traidores, apátridas, es la punta de lanza de quienes se sienten dueños de la verdad, y esgrimen cualquier bazofia contra otros ciudadanos. Se buscan culpables en lugares equivocados. En los dirigentes políticos de oposición ha habido acuerdos para ciertos procesos electorales, no unidad, menos unión.

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En derecho (Wikipedia) definen la traición como el “conjunto de crímenes que engloban actos extremos en contra del país”. Hacerse eco de los epítetos orquestados por el régimen es servir la mesa para terminar de desaparecer el debate en torno a lo que se padece, y entregar el control absoluto de los bienes y vidas de las personas al sistema colectivista que, los revolucionarios siglo XXI, pretenden imponer. El llamado a los factores disidentes es a tener cuidado con eso que promulgan con ligereza y hasta ingenuidad, a no dejarse arrastrar por el odio y sentar con cabeza fría a revisar donde están los traidores.

Arturo Molina

@jarturoms1

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jarturomolina@gmail.com

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