Son las muestras estadísticas que están indicando la emergencia humanitaria compleja que desde hace varios años se siguen agravando y están llevando a la sociedad venezolana a su desintegración. 

Juan Guerrero

Juan Guerrero (*) @camilodeasis  

Cada día se hacen más reales aquellas afirmaciones que denunciábamos años atrás según la cual el país, bien si no estaba en una guerra, las consecuencias que se observaban eran de una confrontación bélica indiscutible.

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Llegan a mis manos los resultados de la última Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCONVI), realizada entre noviembre 2019, marzo 2020. Un estudio adelantado por especialistas de las universidades Central de Venezuela, Simón Bolívar y Católica Andrés Bello.

Es evidente que ante semejante respaldo profesional resulta casi que irresponsable dudar de su veracidad científica y rigor académico. Pero también debo manifestar el profundo dolor y sensación de llanto cuando nos damos cuenta del desastre humano ante semejante horror.

Copio casi que textualmente las cifras referidas a ciertos detalles para darnos cuenta que Venezuela, en la práctica, es un país destruido en sus cimientos más profundos: su sociedad.

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La población venezolana se redujo a 28 millones de habitantes, por debajo de los 32 millones que el «Instituto Nacional de Estadística había proyectado para estos años». La esperanza de vida (75 años) se redujo a 72 años. La cobertura universitaria se redujo a un 50% menos. La población más pobre se encuentra rezagada, entre 1 año o más, para encontrar mejores opciones educativas. Cerca de 4 millones de niños tienen problemas para ir a la escuela. Poco más del 96% de la población venezolana se encuentra en situación de pobreza. De ese porcentaje, poco más del 79% está en pobreza extrema. La población migrante ya supera los 5 millones de personas. Sólo en los últimos 3 años se han ido cerca de 2, 4 millones. Apenas 4% de migrantes han regresado. El promedio de ingreso del venezolano es de 0,72 dólares diarios. El proceso hiperinflacionario «tuvo en junio una variación interanual de 3500%». Indica esto que poco más del 79% de las personas no tienen cómo cubrir la canasta básica alimentaria.

La encuesta indica que «entre los hogares venezolanos más pobres, 3 de cada 7 sufren de inseguridad alimentaria severa, y al menos, 166 mil niños menores de 5 años entran en la categoría de desnutridos, tomando en cuenta el indicador peso para la edad.» Cerca de 639 mil niños menores de 5 años se encuentran con desnutrición severa. Poco más del 60% de la población no logra consumir el mínimo requerido de calorías (2000 calorías/día).

Estos y otros datos estadísticos sitúan a Venezuela como el país más pobre en Latinoamérica y el Caribe. Habría que agregar acá los estragos que está causando la pandemia al encontrarse con una sociedad precariamente alimentada, peligrosamente desprotegida sanitariamente y con los servicios públicos (agua potable, electricidad, combustibles y comunicaciones) en franco deterioro. Sólo en el servicio de agua potable, la encuesta Encovi indica que el 75% de los hogares venezolanos no recibe a diario este servicio.

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Venezuela ya no es comparable con ninguno de los países latinoamericanos y del Caribe. En la actualidad, su población se asemeja más a los países africanos, como Sudán del sur o con los de Asia, como Corea del Norte, o del Medioriente, como Siria. Son las muestras estadísticas que están indicando la emergencia humanitaria compleja que desde hace varios años se siguen agravando y están llevando a la sociedad venezolana a su desintegración.

Como ya algunos especialistas lo están advirtiendo, Venezuela en la práctica es una nación que no tiene gobierno. Está siendo dirigido por grupos de la delincuencia organizada, el narcotráfico y el terrorismo internacional, con asistencia de países que buscan instalar espacios geográficos controlados, como en el sur de la Guayana, isla de Margarita, sur del lago de Maracaibo, norte del estado Falcón, y que peligrosamente están llevando a una división y separación del territorio nacional.

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No es tiempo de pensar en elecciones, que muy posiblemente se verán impedidas de realizar por la atroz realidad. Lo imperativo es lograr una urgente intervención militar por razones humanitarias para salvar y proteger a la población civil, total y absolutamente desprotegida y en proceso de aniquilamiento, como lo está revelando esta encuesta nacional.

(*)   camilodeasis@hotmail.com   TW @camilodeasis   IG @camilodeasis1

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