Hatice Cengiz, novia del periodista asesinado, no acepta la decisión de exonerar a sus verdugos: «Nadie tiene derecho a perdonar a sus asesinos», afirma en un mensaje en Twitter. «Su emboscada y asesinato atroz no tiene limitaciones», añade.

Noel Alvarez opinión

Noel Álvarez* @alvareznv

Los hijos del periodista saudí Jamal Khashoggi, asesinado el 2 de octubre de 2018 por agentes de Arabia Saudí en Estambul, Turquía, han perdonado a los asesinos de su padre: «en ocasión de esta noche virtuosa del mes de Ramadán bendito». Según la ley islámica, los familiares pueden perdonar al asesino de su difunto, por lo tanto, se suspenderá la ejecución, por decapitación, de los cinco acusados, por el crimen del disidente. Todavía no está claro si serán excarcelados.

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El fin del Ramadán produjo la declaración del perdón por parte de los hijos del fallecido comunicador social. «Nosotros, hijos del mártir Jamal Khashoggi, anunciamos que perdonamos a los que mataron a nuestro padre, que en paz descanse, con la esperanza de obtener una recompensa de Dios Todopoderoso», indica Salah Khashoggi en un comunicado difundido a través de su cuenta de Twitter. Los hermanos recuerdan una frase del Corán que dice que «quien perdone y reconcilie, su recompensa es para Dios».

Jamal Khashoggi, en su última columna, publicada por ‘The Washington Post’, paradójicamente, hablaba sobre la falta de libertad de expresión y prensa en los países árabes y la persecución de editores, articulistas e informadores en todo el mundo: «Estas acciones ya no tienen la consecuencia de una reacción dura de la comunidad internacional. En su lugar, estas acciones quizás desencadenen una condena, seguida rápidamente del silencio». No hablaba de él; pero hoy, es como si lo hubiera hecho.

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En su postrer artículo, Khashoggi explicaba que, en la mayoría de los países árabes, los ciudadanos están “desinformados o mal informados”, por lo que no pueden abordar adecuadamente, y mucho menos discutir en público, los asuntos que afectan a la región, ni a sus vidas cotidianas. La narrativa dirigida por los gobiernos domina la opinión pública, y si bien muchos no la creen, una gran mayoría de la población es víctima de esa falsa narrativa.

Todavía residiendo en Arabia Saudí, Khashoggi empezó a escribir en The Washington Post y a participar en debates académicos y televisivos sobre los cambios que se estaban produciendo en el Reino del Desierto. Eso le dio proyección internacional, pero también un problema: fue tildado de conspirador. La decisión de dejar su casa, su familia y su trabajo se debió, como él mismo explicó que: “otra cosa traicionaría a aquellos que languidecen en prisión”. Poco antes de su autoexilio, le habían retirado la columna que escribía para Al Hayat, un periódico panárabe propiedad de un sobrino del rey, pero que se imprime en Londres. También le habían vedado expresarse a través de las redes sociales y desde finales de 2016, le prohibieron hablar con periodistas extranjeros.

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Hatice Cengiz, novia del periodista asesinado, no acepta la decisión de exonerar a sus verdugos: «Nadie tiene derecho a perdonar a sus asesinos», afirma en un mensaje en Twitter. «Su emboscada y asesinato atroz no tiene limitaciones», añade. El motivo que llevó a Khashoggi al consulado saudí en Estambul, lugar del secuestro, fue tramitar el certificado de divorcio, para poder casarse con Hatice, de nacionalidad turca y estudiante de doctorado de la Universidad de Estambul, a quien había conocido en una conferencia.

Desde que se cometió el asesinato, Cengiz ha hablado desde la conmoción y el dolor que le provocó el crimen, pero hoy, parece cualquier cosa, menos débil. Incluso cuando habla del “terror” que siente por su integridad física, sus palabras están motivadas por un fuerte deseo de justicia y por la ira que siente, ante la inacción mostrada por la comunidad internacional frente al hecho de que, el asesinato de su prometido fue ordenado por el régimen saudí. “Si me pasa algo a mí o a cualquier persona, ¿cómo se sentirán? El mundo sería el responsable, doblemente responsable” expresa.

El mundo periodístico se ha solidarizado con Hatice Cengiz y con todos los afectados por persecuciones y atropellos. Recientemente, el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, Christopher Barnes, se refirió a los gobernantes que pisotean los derechos humanos. Lo hizo citando un caso preocupante: “el sesgo autoritario, ideológico y despectivo con que, el presidente López Obrador ataca a los medios, puede motivar a quienes solo necesitan una excusa para generar violencia y atacar físicamente a los periodistas y medios”. Barnes agregó que “en un país con altos índices de violencia, la actitud presidencial es como arrojar gasolina al fuego”.

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Hatice Cengiz se ha erigido como una de las férreas defensoras del trabajo de su novio fallecido y también de otros periodistas perseguidos por gobiernos autocráticos, en diversas partes del mundo: “Sus ideas se escucharán desde Turquía a Arabia Saudí y más allá. La opresión no dura para siempre. Los tiranos acaban pagando por sus pecados”, escribió en una carta enviada al diario estadounidense, días después del asesinato de Khashoggi.

*Coordinador Nacional del Movimiento Político GENTE

Noelalvarez10@gmail.com

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