No fueron engañados, simplemente le ofertaron la mercancía fermentada y era previsible que la ausencia de pertenencia se impusiera a la querencia de Venezuela. Siguen siendo minoría y la mayoría cambiara esa fiesta indecente por la celebración decente. Allí fracasará la provocación y el poder de convencimiento del show man revolucionario.

Arturo Molina opinión

Arturo Molina @Jarturoms1

Algunos propietarios de equipos musicales denominados minitecas de ultra volumen hacen sonar su promo al mejor estilo del show man. El hombre de la mezcla musical sabrosa y los grandes espectáculos bailables. El que pone a bailar a todo el que se encuentra cerca del escenario, e incluso a los distantes. El mismo que arruga la piel de los indiferentes. Tanto las melodías modernas como las clásicas se confunden para generar frenesí. Así se puede definir el episodio que representó la elección de la junta directiva de la Asamblea Nacional para el periodo 5 Enero 2020 al 5 Enero 2021. Las culpas por el mal bailado no se hacen esperar y los destellos que surgen de la señalización se multiplican cual maíz para hacer cotufa. Toda una serie privilegiada para ser galardonada al premio Oscar por ser película que lo contiene todo. Ese show man no dejó para nadie. Los actores son de exquisito gusto y placeres desbordados.

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En Venezuela el show man promueve el bochorno, y el mismo no se percibe porque la distracción es de tal magnitud que desaparece los sentidos, nubla la mente y enceguece la visual, hasta ridiculizar al entendido. Los pareceres son escrutinio para los sobresalientes dirigentes, quienes se visten según le indican. La mansión del desespero es el lugar de encuentro al que el show man invita a sus peces. La exquisitez y llamativo del lugar de encuentro no deja duda de que la fiesta será a todo dar y la noche corta, por ello montan el escenario para días e incluso par de semanas. Resplandecerá trifulca por parte de algunos que no saben controlar la bebida, y a continuación el show man hace vibrar a los asistentes al pan y circo.

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El show man cierra las puertas a quienes no han sido invitados según su reparto actoral. El encendido y aspirado de los llamados cigarrillos electrónicos inundan el ambiente. La música es buena, da nota y eleva a la estratosfera a los inmaculados. Los representantes de los ciudadanos se rasgan las vestiduras por hacer el mejor de los papeles. Dios es asumido con fuerza entre el balbuceo de los que piden disculpas, indicando que todo lo hecho es a favor del soberano. Van contra los corruptos que se encuentran en el baile y han saqueado el erario público. Destilan de sus poros lo que no pueden producir grandes empresas. Se grita permanentemente que siga la fiesta. La torta es grande, cada quien tiene derecho a su pedazo. Hay quienes se sacuden pues los olores nauseabundos que están dejando los que visitan los sanitarios les dan pena que trasciendan a los venezolanos.

Se baila pegado, separado, a distancia, pero se baila sabroso. Se vuela alto y se reniega a la vez. Los llamados vendidos de hoy fueron los iracundos defensores ayer. Son los mismos invitados a ese reparto los que señalaron a otros de entregados por negarse a ceder espacios ganados legítimamente a los revolucionarios del siglo XXI. Nadie da respuesta de esos actores, ahora son salidos de la nada, la tarjeta de invitación no aparece, son coleados. El oído se ensordece porque el show man sube el volumen y aparece la mímica. Entre uno y otro la comunicación no se pierde, lo que está extraviado es el rumbo.

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Se asesina la patria y la democracia a favor de la aventura y el baile bonito. La libreta de anotaciones de los ciudadanos está llenándose, los nombres de los presentes a esa fiesta de derroche le da tristeza. No fueron engañados, simplemente le ofertaron la mercancía fermentada y era previsible que la ausencia de pertenencia se impusiera a la querencia de Venezuela. Siguen siendo minoría y la mayoría cambiara esa fiesta indecente por la celebración decente. Allí fracasará la provocación y el poder de convencimiento del show man revolucionario.

Arturo Molina

@Jarturoms1

Jarturomolina@gmail.com

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