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Hoy se conmemora y  se eleva oraciones en memoria de las almas de los difuntos, oración, limosnas, indulgencias y penitencias que debemos obrar a favor nuestros fieles difuntos. Primeramente fue adoptado por los benedictinos, y progresivamente todas las órdenes la asumieron hasta su consagración como una fecha del calendario católico, en el siglo XII.

Cada 2 de noviembre se conmemora el Día de los Muertos,  Día de los Fieles Difuntos o Día de las Ánimas, con motivo de honrar a nuestros familiares que han partido a la vida terrenal. Un día como hoy en 980 por San Odilón, abad cluniacense,  lo instauró  la Iglesia Católica Romana,  basándose en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados y pueden alcanzar la Visión Beatífica, gracias a la ayudar que les proporcionemos, gracias a los rezos y la eucaristía que se celebre en su memoria.

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Oración, limosnas, indulgencias y penitencias que debemos obrar a favor nuestros fieles difuntos es la invitación que hace la Iglesia, así se ayuda a sus almas para alcanzar la purificación y ascensión  junto al Señor. De allí la conocida oración “Que las almas de los difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Así sea”.

Cuenta la historia que la tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.

Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.

Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios.

A estas oraciones se les llama sufragios. El mejor sufragio es ofrecer la Santa Misa por los difuntos.

Debido a las numerosas actividades de la vida diaria, las personas muchas veces no tienen tiempo ni de atender a los que viven con ellos, y es muy fácil que se olviden de lo provechoso que puede ser la oración por los fieles difuntos.

Es importante recordar la costumbre mexicana relacionada con el ciclo agrícola tradicional. Los indígenas hacían una gran fiesta en la primera luna llena del mes de noviembre, para celebrar la terminación de la cosecha del maíz. Ellos creían que ese día los difuntos tenían autorización para regresar a la tierra, a celebrar y compartir con sus parientes vivos, los frutos de la madre tierra.

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Para los aztecas la muerte no era el final de la vida, sino simplemente una transformación. Creían que las personas muertas se convertirían en colibríes, para volar acompañando al Sol, cuando los dioses decidieran que habían alcanzado cierto grado de perfección.

Mientras esto sucedía, los dioses se llevaban a los muertos a un lugar al que llamaban Mictlán, que significa “lugar de la muerte” o “residencia de los muertos” para purificarse y seguir su camino.

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Aciprensa

Real y muy Ilustre Hermandad del Stmo.

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