“Téngale miedo al poder que envilece”

Paciano Padrón
Por supuesto que Guaidó no está exento de errores, ¿quién lo está? No busquemos un ser perfecto, pero sí perfectible; no busquemos un santo, pero sí un virtuoso, un hombre dispuesto a dar, que entienda la política como servicio. Estas reflexiones me permiten reiterar y renovar mi confianza en Juan Guaidó. Adelante, se aproxima la hora del cambio.  

Paciano Padrón @padronpaciano

Hace ya un siglo completo, en 1918, nació Arístides Calvani, un gran venezolano, cristiano ejemplar y ciudadano a carta cabal a quien podemos llamar maestro, sin temor a equivocarnos. A propósito de unas palabras que tuve el honor de pronunciar hace unos días en el Interamerican Institute for Democracy, en el sur de La Florida, en la presentación del estupendo libro “Arístides Calvani frente al comunismo”, de Eduardo Martínez, recordé al Canciller Calvani cuando recomienda: “Téngale miedo al poder que envilece y degrada al espíritu, si no vamos preparados para resistir sus tentaciones de engrandecimiento, creemos que somos dioses”. Cuánta verdad encierran estas pocas palabras.

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Participar en la gestión pública es derecho de los ciudadanos, reconocido desde hace ya más de 70 años por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, al establecer que “Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país” y “tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones públicas”. Ese derecho de acceder a la función pública que todos tenemos, no constituye un derecho a beneficiarse particularmente de la función pública, menos aún a buscar ser servido por los demás. El funcionario público es un servidor, se debe a su comunidad.  El aprovechamiento personal del cargo para su beneficio individual, familiar o grupal, en detrimento de la comunidad, es una perversión.

El maestro Calvani alerta que el poder público “envilece y degrada el espíritu”, “si no vamos preparados para resistir sus tentaciones de engrandecimiento”. Esto tiene que ver con la adulancia al funcionario, quien se ve pronto rodeado de buscadores de prebendas, elogiado y adulado, lo que puede llevarlo, como decía el maestro, a creerse Dios.

Por supuesto que en nuestra historia republicana encontramos infinidad de casos -y ya no solo a nivel de presidente-  de funcionarios públicos que se envilecieron y degradaron su espíritu en la función pública, pero también son numerosos quienes con humildad, honestidad y vocación de servicio han trabajado por las mejores causas de Venezuela. Su Santidad Pío XII afirmó que “La política es la forma más excelsa para el ejercicio de la caridad”. Así lo creyó y lo vivió Arístides Calvani, la política era para él un amor practicado a gran escala, era siembra de democracia y alerta sobre el mal del comunismo. Para el maestro la “ética y política no pueden estar separadas”, “toda acción humana conlleva una connotación moral”. Por supuesto que desgraciadamente no todos los políticos marchan al lado de la ética, ni saben ni practican la máxima conforme a la cual el fin no justifica los medios. Decía Calvani, “Un fin bueno no puede alcanzarse por medios moralmente malos o ilícitos”, “en política no se vale todo”.

Yo conocía a Juan Guaidó fundamentalmente de referencia, lo conocí en propiedad como servidor público a partir del 5 de enero de este año, cuando fue electo, primero, Presidente de la Asamblea Nacional, y luego, el 10 y el 23 de enero, al asumir y jurar como Encargado de la Presidencia de la República, al atender el mandato constitucional que le hizo asumir tal función, hoy reconocida por casi 60 países del mundo. Hay virtudes que admiro en el Presidente Guaidó: su valentía y coraje en primer lugar; su sencillez humana que lo muestra como uno más, un ser sensible a la gente, a sus dolores y sueños; su  vocación de servicio y su honestidad personal, su rectitud de vida y los valores y principios cristianos y democráticos que rigen su conducta.

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Por supuesto que Guaidó no está exento de errores, ¿quién lo está? No busquemos un ser perfecto, pero sí perfectible; no busquemos un santo, pero sí un virtuoso, un hombre dispuesto a dar, que entienda la política como servicio. Estas reflexiones me permiten reiterar y renovar mi confianza en Juan Guaidó. Adelante, se aproxima la hora del cambio.

E-Mail: pacianopadron@gmail.com

Twitter: @padronpaciano

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