Marcha de dignidad

marcha 7ma avenida
Vamos todos a salir a mirar cara a cara a las estrellas sabiendo que las manos del hombre son capaces de unir la muerte con la vida y el presente con el futuro. Definitivamente podemos luchar y triunfar sin fusiles ni cañones, así lo demostró esta MARCHA  DE  DIGNIDAD.

Profesor Felipe Guerrero

Este Veintitrés de Enero mientras el reloj se desperezaba para marcar las primeras horas del día salimos presurosos a cumplir nuestro deber cívico,  en un acto que nos permitió seguir  amasando versos de vida y  horneando el pan de la democracia.

En esta oportunidad, los hijos de los hijos eran nuestros compañeros en la marcha. Recordé que en un día como éste hace más de cincuenta años, junto al resto de la población civil de Venezuela salimos a recorrer las calles de mi pueblo festejando el derrumbe de la tiranía. Ese día apenas tenía la edad de mi nieta menor que ahora caminó a mi lado, con la ilusión, igual que ayer, de desterrar definitivamente de este suelo la dolorosa experiencia de las dictaduras militares.

Al recordar la heroica gesta de la sociedad civil venezolana que armada sólo de ideas fue capaz, el Veintitrés de Enero de Mil Novecientos Cincuenta y Ocho de derrotar la arrogante dictadura militar; en esta fecha de libertad nuevamente proclamamos con el poeta que es urgente erradicar las tiranías: «No podemos dejarlo para más tarde: Ahora tenemos que terminar con la dictadura, antes de que los hijos salgan del colegio, para evitar que las herraduras de la caballería militar vuelvan a transitar orondas por los caminos de la patria».

La severidad y exactitud de mis recuerdos me permitieron traducirle a mis nietos con palabras tranquilas, el gozo o la angustia de mis sentidos y la añoranza de mi sangre; que se enraíza con la realidad,

En palabras del poeta puedo decir que durante la marcha  «Encontramos a muchos niños pintando banderas de paz, de justicia y de solidaridad». Esa patria joven la encontraron por toda Venezuela los millones de compatriotas que salieron a marchar antes que de que sus hijos despierten, antes de que aprendan a decir la palabra antes. Ahora hay que terminar con la dictadura antes de que nuestros hijos salgan a la calle a parar las balas con sus pechos y a levantar el futuro con su sangre… »

Los muchachos de la Venezuela del Veintitrés de Enero de Mil Novecientos Cincuenta y Ocho y los de hoy, no fueron ni han sido indiferentes a lo que sobre su tierra acontecía en la dictadura militar de ayer y lo que acontece en la tiranía militar de hoy.

Y… Ahí  en la multitudinaria marcha  de la dignidad estaban los muchachos, los miles de alumnos que son hijos del afecto y los hijos de la sangre junto a mis nietos que son doblemente hijos. Era la hermosa caminata de la patria nueva, esa ilustre formación cívica que no ha podido silenciar la oligarquía privilegiada instalada en el  palacio de gobierno. Esa prehistórica oligarquía  encargada de secuestrar los alimentos de los pobres y que intenta mancillar la autonomía universitaria porque desde Miraflores se mira a la universidad como un espacio crítico y cuestionador, por eso  le niegan los recursos y acosan su autonomía porque con toda perversión saben que «Sin autonomía no hay universidad y sin universidad no hay país».

Y… Ahí  en la multitudinaria marcha de la dignidad volvimos a estrechar la mano de miles de obreros y trabajadores a quienes la oligarquía de Miraflores buscó por todos los medios destruirles los sindicatos, les negó la posibilidad de firmar sus contratos colectivos, los convirtió como dijo Eduardo Galeano en «Los hijos de nadie, los dueños de nada… Los ninguneados, los jodidos, rejodidos… Los que  no son, aunque sean… Que no tienen cara, sino brazos… Que no tienen nombre, sino número… Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata».

Y… Ahí  en la multitudinaria marcha de la dignidad, me topé con un grupo de madres que viven en medio de un rosario de lágrimas  porque la  violencia  generada desde la oligarquía del poder  les arrebató a uno o a más de uno de sus hijos. A cada instante en los oídos de esas madres sigue resonando el eco de las balas asesinas que destruyeron sus promesas y descuartizaron sus flores. Con razón Miguel de Unamuno dijo que  «Cuando se muere alguien que nos suena, se muere parte de nosotros». Aquellos muchachos los mataron porque soñaban  con un mundo mejor y con ideales humanistas; porque soñaban  con transformar la sociedad y con una revolución de las conciencias.

Y… Ahí  en la multitudinaria marcha de la dignidad, me encontré con miles de anónimos ciudadanos que luchan por transformar esta realidad para ser solidarios con los más débiles, con los excluidos y con los más desafortunados,  frente a los poderosos que viven en los palacios.

Y… Ahí  en la multitudinaria marcha de la dignidad,  me encontré con Andrés Eloy junto a Juan Bimba. El popular personaje le recordó al poeta: «Juntos vamos en el gozo… Como en dolor juntos fuimos… Uno y otro conocimos… Los grillos y el calabozo… La carne supo el destrozo… Del látigo y no mi fé… Con sangre y sudor regué… Carreteras al cretino… Pero, al cabo del camino… Juan Bimba estaba de pie».

Y… Ahí  en la multitudinaria marcha de la dignidad de pie, con  Andrés Eloy junto a Juan Bimba, ambos despertando con el sueño de una Patria verdadera, libre, hermosa y altanera, en los cuatro costados del país, coloreada por el tricolor de su bandera.

Que la multitudinaria marcha de la dignidad, nos recuerde que todos los días son Veintitrés de Enero; que en la angustia del pueblo encontremos los más hermosos motivos para la lucha; que en la esperanza del pueblo encontremos nuestra propia esperanza y que en la libertad del pueblo sojuzgado,  busquemos  siempre la inspiración para construir nuestro canto de libertad.

Vamos todos a salir a mirar cara a cara a las estrellas sabiendo que las manos del hombre son capaces de unir la muerte con la vida y el presente con el futuro.

Definitivamente podemos luchar y triunfar sin fusiles ni cañones, así lo demostró esta MARCHA  DE  DIGNIDAD

E-mail: felipeguerrero11@gmail.com

 

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