Nostalgia de Navidad

Nostalgia Navidad
Volver al origen, a la familia, a lo primordial, al amor sin condiciones, a la compañía silenciosa de los tuyos, y  volver a sentir a todos como hermanos, es experimentar NOSTALGIA DE NAVIDAD.

Felipe Guerrero

Navidad es la mejor estación de la nostalgia. El gran escritor Sándor Márai se vio obligado a abandonar su patria, la Hungría comunista a mediados del siglo pasado. Después de un azaroso destierro,  muy lejos de su tierra, privado de sus afectos, alejado de sus familiares y amigos, escribió sus diarios en el exilio y en el testimonio apasionante y profundamente conmovedor de un hombre solitario dijo: «Me gustaría sentir nostalgia por algo… Me gustaría sentir nostalgia por un paisaje,  por una ciudad, por alguien».

Tengo la convicción de que cada persona tiene nostalgias especiales en estas fiestas de finales del año. Definitivamente es la estación de la nostalgia.

La Navidad de mi infancia está en mi aldea… Está en el portal de La Grita, tan similar a la vieja pesebrera de Belén. Por estos días, me veo de pronto arropado por multitud de imágenes, sensaciones, palabras y sonidos de ese ayer que hemos guardado con sigilo en una parte especial del arcón de nuestra memoria. Aparece nuevamente «la ventisca que bajaba copiosa, dejando caricias de espesura blanda y allá por el aire el poderosos sonido de las campanas  convocando a las tradicionales «Misas de Aguinaldo».

Yo aún puedo distinguir los diferentes sonidos de las campanas de mi pueblo, con sus significados tan diversos. Esas campanas del templo de María de los Ángeles que desde el amanecer con su espiritual mensaje y con sus sinfonías de antaño convocaban al encuentro en torno al pesebre. De esas campanas  llevo el sonido grabado y en mis oídos se ha quedado el eco de tanta historia, pues en muchas oportunidades yo les arranqué la viveza y sonoridad de sus alegres repiques y sonoridades. La respuesta a la convocatoria era inmediata, desde los más pequeños hasta los ancianos caminaban alegres por calles y veredas para participar en  las «Misas de Aguinaldo».

Esta es una estación para explorar y rastrear nuestras raíces culturales, por eso el reencuentro tiene un profundo sentido de identidad. Desde la madrugada con la «Primera Misa de Aguinaldo»,  las puertas y ventanas de cada casa estaban abiertas  ya se podían observar los artísticos «Pesebres» elaborados en cada hogar como una verdadera exaltación de la rural y pastoril.

En la lengua castellana la palabra pesebre denomina a una especie de cajón, generalmente fabricado en madera, en donde comen los animales. De acuerdo al texto bíblico, en uno de esos cajones, María acomodó a su hijo recién nacido. En hermoso relato dice Lucas que  «Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque  no había sitio para ellos en la posada».  En la construcción del pesebre participa toda la familia, en algún momento lo hicimos como niños, con el paso de los años lo seguimos haciendo y eso nos ayuda a ver al mundo con los colores de la niñez. Ahora nos reunimos en torno al pesebre, con los hijos de la sangre, con los hijos del afecto, con los nietos y con los amigos para reflexionar con la Novena de Aguinaldos y para conmemorar el nacimiento del Mesías Liberador y eso nos permite hundir la mirada entre los surcos que aramos cada día y que vamos construyendo palmo a palmo.

Ahí sigue estando el pesebre artesano, elaborado con un corte de sencillez y humildad, armado con musgos, con aserrín de madera y con los pliegos de papel el grueso, obtenidos de las bolsas de cemento que se planchaban y se pegaban con el tradicional engrudo de almidón, formando grandes telones que se recubrían y se coloreaban. Con ese papel encolado y pintado con anilina se pueden semejar cielos, rocas y desiertos; todo ello elaborado artesanalmente.

Por estos días regreso a mi aldea y tras los ventanales vítreos de mi alma, se cubre  mi pecho de eterna nostalgia. Volvemos a vivir las eternas navidades y mientras retornamos hacemos por el camino un manojo de silvestres flores que le entregaremos a María de los Ángeles y seguramente vuelve a colorearse de bronce la voz de la vieja campana.

Hay quienes pretenden arrebatarnos la Navidad. Que nadie se atreva a robarnos la Navidad, porque se perdería la inocencia; la ilusión se transformaría en pesimismo y el egoísmo derrotaría a la amabilidad.

Que no dejemos escapar la Navidad, que superemos el pesimismo estéril y que al igual que los niños volvamos  a ilusionarnos para vivir a diario la esperanza de que la vida de nuestra sociedad va a cambiar. La esperanza firme radica en el amor del niño de la pesebrera que, entrando en el mundo, nos da fuerza para peregrinar en libertad y vivir el presente de un modo nuevo. «Vivir el presente de un modo nuevo», sin dejarnos llevar por el derrotismo ni el pesimismo. Como el que se levanta todas las mañanas sabiendo y esperando que con el esfuerzo personal y  comunitario es posible construir un mundo diferente.

Volver al origen, a la familia, a lo primordial, al amor sin condiciones, a la compañía silenciosa de los tuyos, y  volver a sentir a todos como hermanos, es experimentar NOSTALGIA DE NAVIDAD.

Felipe Guerrero

E-mail: felipeguerrero11@gmail.com

 

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