El calvario de los pacientes renales ante la falta de insumos médicos

centro hospitalario diálisis
Venezuela vive un momento en que enfermarse es sinónimo de vivir un calvario, pues la vida queda en riesgo ante la falta de insumos, materiales médicos quirúrgicos, medicamentos y personal asistencial. Ante la negativa del ingreso de la ayuda humanitaria al país por parte del gobierno de Maduro, las esperanzas de muchos enfermos quedaron destrozadas.

Preocupados por la condición actual de los pacientes, un equipo de Frontera7dias se trasladó hasta una de la unidades de diálisis del Táchira,    donde conviven diariamente los pacientes renales que padecen de insuficiencia funcional en sus riñones.

Nos referimos a la unidad de diálisis San Cristóbal, donde pudimos obtener testimonios de los pacientes, el sufrimiento, padecimiento y la difícil experiencia de tener que someterse a tan triste y difícil tratamiento que pasa por la ausencia de los insumos y materiales para poder recibir la dosis y diálisis completa.

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Sonia Esperanza González Nieto, es paciente renal con  52 años de edad y 5 años en proceso de diálisis, quien con tantas ganas de vivir, optimista como ninguna otra, que dejó una enseñanza con el tema de la vida y el amor a Dios, narró que sencillamente  no viven, luchan por la vida diariamente  pensando que si durante diez días no se dializan, se mueren y si no mueren,  pasan a un estado físico crítico que involucra a los familiares en medio de un constante sufrimiento.

pacientes renales

“Para nosotros los medicamentos y los insumos para las unidades de diálisis son además de una necesidad para salvar nuestras vidas, una dificultad por la dificultad para mantenerlas y adquirirlas en el mercado nacional y así poder cumplir con todo el tratamiento adecuadamente. A estas unidades de diálisis extra hospitalarias les hace falta más atención pese a algunos esfuerzos del gobierno, que sería más  funcional si permiten el ingreso de la ayuda humanitaria para que el tratamiento sea recibido en su totalidad por el paciente renal. Es necesario ahora habilitar todas las máquinas, los equipos y pagar más personal especializado que actualmente escasea por los bajos salarios”.

Trescientos pacientes

Informó Sonia González, que actualmente existen en Táchira trescientos pacientes que ameritan religiosamente la diálisis, que consiste en cuatro horas tres veces a la semana, sin embargo, solo reciben a veces dos, o tres y no las cuatro horas recomendadas. Esto tras no poder contar con todas las máquinas que dependen de unos filtros especiales y unos materiales  que  no existen para funcionar óptimamente y que trae como consecuencia hace que el paciente se descompense y deteriore su salud.

Vivimos la experiencia de conocer cómo la incorporación de las fistulas,  hace que el paciente pierda un poco el estado natural de la piel, con protuberancias y resequedad que según ellos es por el mismo proceso de diálisis, también deben lidiar con esto de por vida. ¿Qué más tendría que vivir este paciente para llamar la atención de quienes no saben cómo es padecer la enfermedad del riñón? se pregunta.

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Insistió González en momentos antes de ingresar a la habitación para su diálisis, que si no reciben el tratamiento adecuado, el que está algo sano se va enfermando más y el que está grave se termina de morir. Esa es la realidad del paciente renal que no es fácil, nada fácil para nadie, dijo.

“Es imperativo para nosotros ayuda nacional o extranjera para poder prolongar nuestra vida, tener mayor calidad de vida y la de nuestros familiares que también sufren. Estamos “guapiando” porque nadie se quiere morir, esta enfermedad no ve edad, hay jóvenes, menos jóvenes y no tan jóvenes.

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Cuatro unidades extra hospitalarias

Cuatro unidades funcionan en el Táchira,  ante la crisis de los centros asistenciales públicos, el estado venezolano les proporciona los insumos como parte de los programas de salud de los países para estos pacientes específicos, que repetimos no son suficientes y entre las que se conocen Unetaca, Diasanca, Centro Clínico y en la población de Colón, las cuales dependen del Seguro Social para poder dotar de todos los ciclos que en teoría y práctica debe recibir este frágil  paciente para mejorar su función renal.

Destacó que los principales enemigos de quienes sufren de insuficiencia renal son la tensión, la diabetes, el cáncer, el lupus, entre otras, o simplemente un medicamento mal administrado. “Dolorosamente sentimos en el cuerpo, lo que sentimos en el alma al padecer lo que no queremos para nadie y que no es nada agradable. No sentimos dolor, solo una sensación cuando nos conectan, nos desconectan y las “puyadas” con unas agujas especiales que son conectadas a la máquina. Reclamamos ayuda venga de donde venga”.

“No es limosna, es la vida misma”

Narró otro paciente que si no se procede al trasplante de riñón que hoy es casi un imposible, deben aplicarse diálisis de por vida, hay pacientes con diez y hasta 15 años haciéndolo, por la vía privada es muy difícil el acceso por los altos costos y el gobierno de turno debe garantizarlo cueste lo que cueste.

Pidieron a las Fuerzas Armadas que se pongan en sus zapatos y las manos en el corazón, porque no están pidiendo limosna es una enfermedad y su padecimiento no tiene colores. Que ingrese la ayuda humanitaria temprana porque cada segundo aquí cuenta mucho. Así se expresó Edgar Vivas, paciente renal de 37 años de edad, 9 años de tratamiento, quien con otro hermano en tratamiento, rogó por seguir viviendo ante una amenaza constante.

paciente renal

Lo que dice la familia

Familiares de los pacientes pidieron a las autoridades más ayuda ante el viacrucis que deben vivir con sus familiares renales. Migdalia Ramírez, hija de José Ramírez, en claras palabras expresó que en sólo 4 meses ha vivido los embates de la crisis médico asistencial cuando al conocer la enfermedad, intentó frenarla y no pudo, fue un intento fallido  porque los medicamentos no los habían en Venezuela. La enfermedad seguía avanzando hasta llegar al término de la diálisis. “Debimos ir al seguro para colocar el catéter, no lo había al momento, la travesía para conseguirlo y comprarlo en pesos, (200 mil) fue terrible. Como se lo dije a una enfermera, hay que tener un familiar con esto para vivir lo que sentimos, es estar cerca del dolor, de la desesperación al no poderlos ayudar más.”

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“Esto no es político, esto es existencial contra el tiempo, ni somos políticos ni tenemos ninguna inclinación, solo queremos la ayuda a tiempo, tanto para los pacientes renales como oncológicos” refirió finalmente Ramírez.

 

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