Editorial. Venezuela no tiene un mal gobierno, sino un gobierno del mal

José Rozo
Venezuela no tiene un mal gobierno, sino un gobierno del mal. El venezolano ha comprendido también que, el mejor uso y disfrute de servicios de calidad, de trabajos dignos y de una vida buena, son los sistemas de gobiernos liberales, democráticos, en donde se respeta la propiedad, las libertades individuales, el libre mercado y la libre competencia, es decir, economías libres, capitalistas, burguesas o como quieran llamarla los ruinosos y hambreadores de los pueblos.

José Rozo Presidente Editor

La mayor suma de felicidad del pueblo, es la  renuncia de un mal gobierno. Es lo que más desean los venezolanos en este año que termina.

“El año barbudo se va”, dice la parranda de Tania.

La verdad es que para los venezolanos fue un año “peludo”; éxodo, hambre, carestía, escasez de toda vaina, como dicen por ahí, deterioro de la calidad de vida y de los servicios públicos como la salud, agua, luz, etc., muchos venezolanos tuvieron que volverse leñadores para poder vivir, pues el gas doméstico escasea por todas partes, ni que decir de la gasolina, en el país con la mayor reserva de petróleo en el mundo, y quinto en los de mayor reservas gasíferas.

El transporte público fue transformado en “perreras” como lo bautizaron los usuarios. Las duras imágenes de muerte de niños por desnutrición y física hambre dieron la vuelta al mundo, los enfermos que los vimos casi arrastra protestando por falta de tratamientos y medicinas, como los trasplantados y los de diálisis, algunos de estos enfermos, murieron en pleno tratamiento por los cortes intempestivos de luz, la pobreza fue la gran reinante en casi todas los estratos sociales.

Toda esta tragedia, todo este dolor y sufrimiento, podría decirse,  solo es posible en socialismo, solo es posible en revolución, solo es posible en el plan de la patria comunista.

Es el avance en la profundización de la revolución que gritaba a los cuatro vientos el difunto expresidente Chávez, y que sus adulones siguen al pie de la letra, y es que la revolución es destrucción, así lo dejó sentado el fundador del comunismo ruinoso y brutalizante Carl Marx, quien plantea la lucha de clases, que no es más que la destrucción del otro, para imponer el socialismo como vía al comunismo. Marx decía que, había que destruir la burguesía, el capitalismo mediante una revolución, por ello podemos deducir que la revolución es la destrucción de todo, incluso de la vida humana, es lo que, lamentable y dolorosamente está viviendo la población venezolana.

Hoy, el venezolano ha comprendido que, el socialismo, el comunismo, el proceso, la revolución, es el igualitarismo en la miseria. Que es hambre y destrucción. A un alto costo lo ha entendido, pero lo ha entendido, y eso es saludable para lo bueno que vendrá. Duro aprendizaje, pero rico porvenir.

Estos sistemas totalitarios caducos y degenerados buscan imponer un nuevo tipo de esclavitud; el  capitalismo de estado, donde los únicos que tienen es la cúpula gobernante, y los demás tienen que vivir de las limosnas que les de esa cúpula enquistada en el poder. Es el aniquilamiento de las libertades individuales del ser humano para empobrecerlo y someterlo.

Venezuela no tiene un mal gobierno, sino un gobierno del mal.

El venezolano ha comprendido también que, el mejor uso y disfrute de servicios de calidad, de trabajos dignos y de una vida buena, son los sistemas de gobiernos liberales, democráticos, en donde se respeta la propiedad, las libertades individuales, el libre mercado y la libre competencia, es decir, economías libres, capitalistas, burguesas o como quieran llamarla los ruinosos y hambreadores de los pueblos. Y, aunque usted no lo crea; el socialismo, el comunismo o el llamado proceso revolucionario es el camino hacia el capitalismo. Una vez se extinga este mal, para allá vamos.

La generación del siglo XXI, por 5 mil años como mínimo, no querrá saber de socialismo, de militares en el poder, ni de Bolívar, es lo aprendido y comprendido en esta tragedia humanitaria.

¿Qué viene?

“El año que viene se acaban los pesares”, son nuestros deseos.

Feliz Navidad, prosperidad y alegrías en el año nuevo.

José Rozo

Presidente Editor

 

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