Milagro de banquete

banquete pan y vino
Porque todos compartimos un sabroso pan acompañado de un trago de vino. En esos alimentos sentimos el sabor de la hermandad que hace palpitar la vida;  bien podría decirse que ellos metafóricamente reúnen la esperanza, por eso fue un MILAGRO DE BANQUETE.

Felipe Guerrero

Nuevamente volvimos a encontrarnos los militantes de la esperanza. Así como Juan el Bautista se regocijó en medio del sufrimiento por predicar las buenas noticias, también nosotros hacemos una pausa al finalizar el año para regocijarnos en la liberación que se aproxima. Juan el Bautista a orillas del Jordán proclamó la inminente venida de una nueva realidad y trabajó incansablemente para preparar el camino. Encerrado en un calabozo esperando su ejecución, le  envía un mensaje a su primo en busca de un rayo de esperanza. «¿Eres tú el que habría de venir?». La respuesta que recibió le recargó de energía a sus huesos cansados. El liberador le responde que la profecía escrita por Isaías se ha cumplido: «Los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan, los presos son liberados y los pobres escuchan la buena nueva».

Nuevamente nos encontramos los discípulos del vencedor de la muerte en este «BANQUETE DEL PAN Y EL VINO», que es como decir encontrarnos en la fiesta de la esperanza.

Ahí estaban «… esos hermanos que derraman alientos y apoyos.   Ahí estaban aquellos cuyo gozo y alegría sobrevive como el mejor antídoto contra la envidia o el tiempo sin reloj de la esperanza.   Todos celebrando el brote más nuevo, la alegría compartida por versos que viajan cual dádivas a Dios.   Celebrando  y vistiendo sus mejores galas para acompañar a los más humildes. Ahí estaban, practicando eso de amar al prójimo,   porque sólo eso les basta…».

Este año «EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque fue un encuentro de muchas patrias. Ahí aparecieron manos solidarias de seres humanos residenciados en los múltiples territorios hasta donde llega la diáspora venezolana… Ahí todos sentimos que la patria no tiene fronteras ni en el tiempo ni en el mapa.

«EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque nos enseñó que lo mejor que nos puede ocurrir en la vida es el ser de muchas patrias. No creo en la globalización, que internacionaliza el dinero y lo pone a funcionar como eje de la vida humana; pero sí creo en el internacionalismo de la solidaridad, que aprendí en el humanismo cristiano cuando era muchacho todavía. Encuentro que en ese milagros logramos sentirnos contemporáneos de gentes nacidas en muy distantes lugares del planeta, logramos sentirnos compatriotas y contemporáneos que viven en otros linderos, que se visten con otras banderas y cantan otros himnos.

«EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque nos enseñó que estamos obligados a desarrollar la capacidad humana de reconocernos en los demás, más allá de todas las fronteras ya que eso nos permite recuperar toda la hermosura, todos los fulgores escondidos del arco iris humano. Ahí aprendimos que somos más, mucho más de lo que nos dicen que somos.

«EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque nos permitió reencontrarnos con quien para seguir su fe renunció a su  familia y a sus amigos, para hacerse hermano del hombre, de la bestia, del árbol,  de la piedra, del hermano del sol y de la hermana luna.

«EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque nos permitió volver a hablar con  Francisco para decirle con palabras de Jorge Robledo: «Vuelve, hermano Francisco… Vuelve a enseñarnos tu PLEGARIA SIMPLE… Vuelve a hablarnos de paz y de perdón y de justicia y de alegría… Y de hermandad y comprensión y de luceros que ruegan como las hojas en el agua.

Dinos, como en la sombra, que el hombre necesita amar al prójimo… Y sembrar sus silencios y sus voces como si fueran granos de mostaza… Y si del otro lado de la carne ya no es posible tu regreso,  deja caer sobre esta pobre tierra la doble caridad de tus sandalias…».

«EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque nos permitió volver a sentir que el amor de Dios toca el corazón de cada persona de una manera diferente, pero la transformación que efectúa en nuestra vida, es común a todos. Dios nos regala un amor absolutamente radiante que sabe abrir la puerta al desagradecimiento porque quién ama no se preocupa por lo que consigue sino por lo que da ¡Es capaz de dar su propia vida! Porque cuanto más ama, más da y entonces tiene sentido la expresión de Teresa: «Amar es dar hasta que duela»

«EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque nos permitió volver a tener un diálogo fraterno con Francisco de Asís  para decirle: «Préstame tu inocente desvarío, / la imposible quietud de tus quimeras,  / tus incansables huellas andariegas,  / tus ateridos pies besando el frío… La empecinada fuerza de tu brío, / tus palabras ardientes, las primeras /  dudas y certidumbres, tus maneras /  de sentir el ardiente escalofrío».

En definitiva, «EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque nos permitió degustar un exquisito pan y un vino con sabor a vida y con sabor a solidaridad. Prudente recordar que el maestro nos dijo: «Les aseguro que el que cree en mí hará las mismas obras que yo hago y hará obras más grandes» (Juan 14, 12)

En una poética del gusto la imagen de un banquete reúne todo un universo literario. Metafóricamente este banquete que ofrecen los poetas de la fraternidad, se sirve con la mayor sencillez y sin ostentación, pero también resulta opulento en generosidad; por eso «EL BANQUETE DEL PAN Y EL VINO FUE UN MILAGRO»… Porque todos compartimos un sabroso pan acompañado de un trago de vino. En esos alimentos sentimos el sabor de la hermandad que hace palpitar la vida;  bien podría decirse que ellos metafóricamente reúnen la esperanza, por eso fue un MILAGRO DE BANQUETE.

Felipe Guerrero felipeguerrero11@gmail.com

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