Trump reconoce a Jerusalén como capital de Israel y los líderes mundiales condenan su decisión

Donald Trump, presidente de Estados Unidos durante su visita al Muro de los Lamentos en la ciudad vieja de Jerusalén.
Ningún país ha tomado una medida similar debido a que el estatus de Jerusalén todavía depende de un acuerdo de paz definitivo entre palestinos e israelíes.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, confirmó este miércoles que su país reconocerá a Jerusalén como capital de Israel.

“He determinado que es hora de reconocer oficialmente a Jerusalén como capital de Israel”, dijo Trump en un discurso desde la sala de recepciones diplomáticas de la Casa Blanca.

La decisión de Trump fue criticada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien tildó las acciones de su homólogo estadounidense de “desafortunadas”.

“Es una decisión desafortunada, Francia no la aprueba, y contradice el derecho internacional y las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”, dijo.

El secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erekat, aseguró que el reconocimiento destruye cualquier oportunidad para la solución del conflicto entre los dos Estados.

“El presidente Trump hoy ha descalificado a los Estados Unidos de América para jugar cualquier papel en el proceso de paz”, agregó.

Este martes, Trump ordenó el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, con lo que pasará a ser el primer país en ser representado en la ciudad.

Las implicaciones de la decisión de Trump son, para muchos observadores, arriesgadas debido al malestar que esto generará entre sus socios árabes e incluso europeos, dando un golpe adicional al estancado escenario de negociaciones de paz entre palestinos e israelíes. También se teme por el reinicio de la violencia en la región y la posibilidad de que se reavive el malestar contra el papel de la diplomacia estadounidense en la búsqueda de una solución definitiva al conflicto territorial palestino-israelí.

Lamentable y destructivo

Líderes del mundo árabe, y hasta el papa Francisco, han expresado su preocupación por la decisión debido a que además de alterar el proceso de paz en el Medio Oriente, puede suponer una amenaza a la seguridad y estabilidad en la región.

Una vez que se conoció el anuncio este miércoles las reacciones no se hicieron esperar. El presidente palestino, Mahmud Abas, lo catalogó como “lamentable” y declaró a la televisora del país que “Estados Unidos boicotea deliberadamente todos los esfuerzos de paz y proclama que abandona el papel de patrocinador del proceso de paz que ejerció en las últimas décadas”.

Por su parte, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, aseguró que siempre ha estado “en contra de toda medida unilateral” y que el estatus de Jerusalén debe ser decidido en una “negociación directa” entre israelíes y palestinos. “No hay alternativa a la solución de dos estados”.

El presidente francés, Emmmanuel Macron, señaló que su país “no aprueba” la decisión tomada por Trump, que calificó como “lamentable”, informó la radio France Info. “Contraviene el derecho internacional y las resoluciones de la ONU”, subrayó Macron, quien añadió que “el estatuto de Jerusalén deberá ser determinado por los israelitas y los palestinos en el marco de las negociaciones dirigidas por las Naciones Unidas”.

Otros gobiernos como el de Turquía catalogaron el anuncio como “irresponsable”. Jordania lo consideró una “violación de las decisiones del derecho internacional y de la Carta de Naciones Unidas”. Y la canciller alemana, Ángela Merkel, dijo que su gobierno “no apoya esa decisión”.

Para el portavoz del movimiento islamista palestino Hamas, Ismael Raduan, la decisión de Trump “abrió las puertas del infierno”. Hizo además un llamado a los países árabes y musulmanes a “cortar los lazos políticos y económicos con las embajadas estadounidenses y a expulsar a los embajadores”.

Y el secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Saeb Erakat, dijo que el mandatario estadounidense había “destruido” la llamada solución de los dos Estados y consideró que Trump “privó a Estados Unidos de cualquier papel” en el proceso de paz. “Como jefe palestino negociador, cómo podría sentarme con esa gente si me están diciendo que Jerusalén será la futura capital de Israel”.

La declaración de Trump generó que ocho países pidieran una reunión urgente para final de la semana al Consejo de Seguridad de la ONU, entre ellos Bolivia, Egipto, Francia, Senegal, Italia, Suecia, Reino Unido y Uruguay.

A pesar de estas reacciones, el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, apoyó la medida. “Jerusalén ha sido, y siempre será, la eterna, íntegra capital del estado de Israel”, aseguró en un comunicado. “El anuncio de hoy es un reconocimiento a la realidad que en ningún caso inhibe los esfuerzos para alcanzar un perdurable acuerdo de paz entre israelíes y palestinos”.

Y en el Senado, el jefe del Comité de Relaciones Exteriores, el republicano Bob Corker, también aplaudió, igual que el demócrata Ben Cardin. “Jerusalén es la capital del estado de Israel y la ubicación de la embajada de Estados Unidos debe reflejarlo”, dijo Cardin.

Otras reacciones se habían conocido desde el martes, cuando la Casa Blanca confirmó los rumores sobre la posible decisión.

En un comunicado escrito, el rey Abdulá II de Jordania indicó que “la adopción de esta resolución tendrá serias implicaciones para la seguridad y estabilidad en el Medio Oriente, minará los esfuerzos del gobierno estadounidense para reactivar el proceso de paz y encenderá los sentimientos de musulmanes y cristianos”.

La opinión del gobierno jordano es clave por su papel administrador de los lugares sagrados musulmanes en Jerusalén Oriental, especialmente la mezquita en el Domo de la Roca.

Los palestinos han insistido durante décadas que cualquier solución definitiva desde el punto de vista territorial con los israelíes pasa por la declaración de Jerusalén Oriental como su capital.

Justamente Jerusalén Oriental fue ocupada por fuerzas israelíes durante la guerra árabe-israelí en 1967. El estatus permanente de la ciudad como un todo fue pospuesta tras los Acuerdos de Oslo, a pesar de que el gobierno israelí extendió las fronteras municipales de la ciudad hacia zonas predominantemente árabes, con la consiguiente expulsión progresiva de muchos de sus habitantes, mayoritariamente de origen palestino.

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