El hombre del barco.

Alberto Lobo, Foto: Frontera7dias
Alberto Lobo, Foto: Frontera7dias

Él es Alberto Lobo, es artesano, tiene su casa taller en San Josecito, Municipio Torbes del estado Táchira.

Lo encontramos por su forma de llamar su atención, con un barco al hombro, por un corredor peatonal que se ha convertido el cruce fronterizo, donde transitan a diario miles de personas, que van y vienen cargados con lo que no consiguen en Venezuela por la dura crisis humanitaria que se vive, generadas por la aplicación de políticas erradas, enmarcadas en lo que llama el gobierno como el socialismo del siglo XXI y la revolución bolivariana, cuyos resultados han demostrado que son contrarias a la prosperidad de la gente y el desarrollo del país.

La curiosidad invade a los transeúntes y resalta entre los viajeros que van con sus equipajes, y con los que regresan cargados de alimentos, con “cauchos” para vehículos, repuestos etc,.

Lo encontramos con cara de asustado, parado a un lado de Aduana principal de San Antonio del Táchira; le preguntamos que le pasaba, y balbuceando nos contesta que “el guardia no lo dejaba pasar”, y a la pregunta de por qué, dijo – no se, dice que no está permitido pasar eso, el barco.

-Quién dice eso?

-“El sargento”, “y, yo, mire señor; tengo vendido este barquito, debo entregarlo, allá al otro lado”

 ¿Usted hace eso?

-Sí señor, en mi casa, en San Josecito.

Nos explica cómo los hace y que es su único sustento.

 -Con la platica voy a comprar comidita allá en Colombia porque usted sabe, aquí en nuestro país no hay, y también medicinas para la mujer, que la tengo enferma.

Le preguntamos por el guardia que no lo dejaba pasar y sin dudarlo, dijo; “el gordito que está allá”.

 Le dijimos -vamos hablar con él.

 ¿Será que no me lo quitan? Tranquilo le dijimos.

Llegamos al puesto de la Guardia Nacional, el primero, pues hay dos, más el del SENIAT, y el de Extranjería, más los guardias regados que discrecionalmente selecciona transeúntes, para revisarles lo que llevan o traen.

-Disculpe sargento; ¿porqué no dejan pasar a éste señor con su barco?

-No soy yo; es el sargento de allá, señala al otro lado de la aduana, cerca del puente, “por mi no hay problema”

¡Vamos Alberto!

 ¿Pero será que no me lo quitan? -Tranquilo le repetimos.

Él, al lado nuestro, con su barco al hombro, además que se robaba las mirada de los curiosos; los guardias y fiscales de aduana del SENIAT que fuimos encontrando, sólo nos miraban al pasar.

Llegamos al puesto indicado por el sargento “gordito”; los que estaban allí, miraron para otro lado y otros clavaron la mirada al piso.

El hombre del barco no lo podía creer, se despachó en elogios para con nosotros, y de temores para la próxima vez.

Alegre con su barco al hombro, cruzó el puente internacional.

 De regreso, trajo consigo felicidad y alegría para su hogar, pues los alimentos son parte de la felicidad del ser humano.

Además el encargo de tres barcos más, así nos contó vía telefónica.

Nosotros, al regreso, les pedimos a los fiscales de aduana, que revisaran sus procedimientos, a lo cual se comprometieron.

Foto: Frontera7dias
Foto: Frontera7dias

Sala de Redacción.

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